Un largo y doloroso camino, de Zhang Yimou

Llamada como el nombre de una ópera china, que el protagonista debe filmar para agradar a su hijo, este film del director de La casa de las dagas voladoras tiene una impronta más desmedidamente hollywoodense que los demás de su filmografía. Con “impronta hollywoodense” me refiero a: la historia del padre ejemplar, abnegado, que lucha contra las inclemencias para cumplir el sueño de su hijo. Un hijo que es enfermo terminal, y que tiene un último sueño por cumplir, y un padre que no estuvo, pero ahora, movido por la culpa, descubrirá su sentimiento paterno soterrado, aunque con un hijo sustituto.Si bien esta vez no nos encontramos con personajes que hacen grandes saltos y quedan suspendidos en el aire, o espadas que vuelan lentamente y parecen teledirigidas, si bien no tenemos esa suerte, la tecnología es omnipresente igual. Una cámara filmadora y una máquina fotográfica digital pueden salvar la vida de tres personas, aunque le cueste creerlo. Ambos artefactos electrónicos, mediando la relación del Sr Takata con su mundo exterior, cooperan en la difícil tarea de descontracturarlo y dejar fluir sus sentimientos. Una alegoría tan contemporánea como, justamente por eso mismo, recurrente.

Otras cosas son iguales de redundantes: todo está explicado por el personaje principal en voz off. Eso también es “impronta hollywoodense”, eso es didáctica cinematográfica. Un ejemplo es bien claro, pero voy a dar un rodeo para explicarlo. El Sr Takata -de origen japonés- necesita que el actor predilecto de su hijo -el chino Lí- cante la ópera frente a cámara. Pero Lí necesita a la vez de su propio hijo (que también abandonó) para poder juntar fuerzas para cantar. Las historias son tan idénticas que parecen escritas para una película…Bueno, el caso es que el Tanaka parte en cruzada solidaria a buscar al hijo de Lí, para que este cante para su propio hijo. En esa cruzada deberá sortear los escollos de la naturaleza, los problemas idiomáticos, y las injusticias de una ley xenófoba; pero la solidaridad de la gente es más fuerte, como podría haber cantado “Tanguito”.

Al ojo occidental y santafesino le cuesta creer que tanta ayuda desinteresada, tanto festejo ante el japonés extranjero, sea cierto, sobre todo teniendo en cuenta la enconada lucha que históricamente enfrentó a China y a Japón. Para que me resulte verosímil yo necesito que haya supermercados que se cierren por miedo al saqueo, maestras que se nieguen a que “usurpen” sus aulas, políticos que no inviertan en bombas extractoras de agua y etcéteras. De todas formas, en el film los chinos son más humanos, y contribuirán a que Tanaka pueda llevar al niño con Lí, o al menos lleve fotos, porque el gurrumín se niega a ir. Quizá porque los chinos son tantos y las elecciones de vida tan pocas, que en China las historias familiares se repiten con tanta elocuencia…

Prometí ejemplificar de qué manera el personaje principal lo explica todo, reduciendo el conocido temor del espectador a irse del cine sin entender lo que vio. En una oportunidad el osco Sr Tanaka, asediado por sentimientos humanos, ante el hijo de Lí comenta: “Pienso que lo persigo del mismo modo en que persigo a mi hijo”. El niño queda así simbólicamente ordenado como sustituto del hijo enfermo, que muere antes de que termine el film, como el objeto de deseo con cual ejercer un instinto paterno negado. Ahora bien: ¿A vos te parece Yimou, que después de tanta historia que se repite de padres “abandónicos” e hijos ingratos, es necesario que el personaje principal sea tan explícito? Rescato, aún así, que la historia desvincule el lazo biológico del sentimental, asociación cristiana si las hay...La paternidad, una vez cumplido el tiempo de indefensión –que puede prolongarse hasta los 30 años en algunos casos- es una función cultural no inscripta en ninguna naturaleza humana, y por lo tanto es modificable. Yo estoy dispuesto a sostener que el cariño que se deben mutuamente padres e hijos, es un artificio cultural.

Por otro lado, una inverosimilitud aún más potente sobrevuela en las escenas de la carcel donde está preso Lí, el cantante de ópera. La militarización de los internos es espeluznante porque soy ajeno a ese sentido chino de la disciplina y la corrección. Chino o maoísta. A paso redoblado, los presos repiten la siguiente consigna: “Arrepentirnos de nuestros pecados, reformar nuestras costumbres, redimirnos...” No quiero discutir el grado de coherencia que tenga esto en una mentalidad forjada a base de confucianismo y taoísmo, sino preguntar si la bondad de los regentes de la cárcel es a la disciplina de los internos lo que la fuerza en el ejercicio del poder al desorden social. En otros términos, ¿quién necesita más de quién, el Ciudadano del Poder para que haya Orden o el Poder del Orden para justificarse ante los Ciudadanos?

Visto y considerando que no alcanza, Yimou, con buenas panorámicas, con una iluminación correcta, con el paisaje interior y exótico de China y música folcklórica, si la historia que se cuenta no es buena; te merecés 4 bolitas de paraíso, y a patalear a otro lado.

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